El edificio más alto de madera que se está construyendo actualmente en España encara su recta final. Se está levantando en un solar municipal en el antiguo recinto industrial de Can Batlló, en la calle Constitució del barrio de La Bordeta.

El material utilizado no es la única peculiaridad de este inmueble, promovido por la cooperativa La Borda, ya que sus viviendas no se compararán ni se alquilarán: se cederán en uso. Un modelo que poco a poco se está extendiendo con otras iniciativas similares desde que se puso la primera madera en febrero de este edificio, el primero de estas características en suelo público y de obra nueva en la capital catalana.

“Tenemos más del 50% de la obra realizada. Acabamos la estructura antes del verano, en 6-8 semanas, y ahora estamos haciendo el interior de las viviendas y las instalaciones”, detalla Pol Massoni, arquitecto director de la obra y de la cooperativa de arquitectos Lacol conjuntamente con la arquitecta Cristina Gamboa.

La previsión es que la obra esté acabada en mayo. “Antes de la construcción el calendario era hacer el traslado en verano y en septiembre que todo el mundo esté instalado. Intentaremos mantenerlo”, explica Cristina, que también forma parte de las cooperativa Lacol.

El edificio tendrá espacios comunitarios en la planta baja, como una lavandería o una cocina comedor

“Es el objetivo marcado, pero hay que tener en cuenta que desde la finalización de la obra y la entrada hay todos unos trámites administrativos que pueden ser bastante complejos y no dependerán de la obra”, detalla Pol.

Uno de los retos de los arquitectos ha sido adaptar la obra a las necesidades de sus futuros usuarios con la “voluntad compartida de una vida más comunitaria” y adaptada a las “diferentes composiciones familiares”. Para generar estos espacios colectivos cada habitante ha cedido parte de la superficie de sus viviendas, unos 10 metros cuadrados, y dispondrán de unos 250 metros cuadrados de usos compartidos.

Los espacios comunitarios estarán en la planta baja con una cocinacomedor de unos 40 metros cuadrados, una lavandería, una salapolivalente, un espacio de invitados, un aparcamiento para bicicletas y una sala de salud cura. “En el momento inicial no estará construida esta sala, pero sí que habrá una y será intergeneracional. Estará pensada tanto para los niños en la época del baño como para las personas mayores que necesitan baños para el cuerpo o masajes”, avanza Cristina.

Para tejer estos lazos de vida comunitaria el edificio está estructurado alrededor de un patio central. “Hemos tomado como referencia las corralas, una tipología popular en la que hay un punto de centralidad y después se van enlazando los espacios comunitarios para generar espacios de interacción y puntos de encuentro”, relata Cristina. Además de las corralas de Uruguay, el proyecto se ha inspirado en otros modelos europeos de Alemania y Dinamarca.

Una azotea con una cubierta verde, una terraza con huertos urbanos y trasteros colectivos en cada planta serán otros de los usos compartidos.

Para el diseño de las viviendas la cooperativa ha organizado diferentes comisiones y talleres que han contado con la participación de los futuros usuarios. Se construirán 28 pisos y habrá tres tamaños: pequeño (42-43 metros cuadros), mediano (60 metros cuadrados) y grande (75 metros cuadrados). En función de la tipología, las viviendas tienen uno, dos o tres dormitorios.

En total, habrá unos 50 habitantes, una decena de ellos menores. “Estas medidas responden a que habrá personas que vivirán solas, parejas con o sin hijos o adultos que cohabitan y quieren compartir la crianza. Hay una mezcla bastante diversificada”, señala Pol.

Este proyecto surgió de la reivindicación vecinal del antiguo recinto industrial de Can Batlló y la mayoría de los que vivirán en el edificio son del barrio de La Bordeta y de Sants. “El edificio también quiere ser un espacio de resistencia en un momento en el que muchos vecinos se ven expulsados del barrio de su vida”, defiende Cristina.

La obra se está construyendo en suelo público de vivienda protegida a través de un derecho de superficie de 75 años del Ayuntamiento a la cooperativa, que paga un canon anual y a su vez hace un contrato de cesión de uso indefinido de cada vivienda a sus socios. “La vivienda tiene que ser asequible y las personas que vivirán todas cumplen los requisitos de vivienda protegida a nivel de renta y de propiedades”, comenta Pol. “Tú no eres el propietario, estás como de paso. Al mismo tiempo es un proyecto de resiliencia porque no se podrá especular ni aumentar el alquiler”, añade Cristina.

Para acceder a la cooperativa las personas que tienen derecho de uso de la vivienda lo hacen a partir de una aportación inicial de 18.500 euros. “Si sale del proyecto se recupera por la siguiente persona que entra. Los socios hacen aportaciones de capital voluntario a la cooperativa y son retornables”, afirma Cristina. Después hay que pagar una cuota mensual, la media es de unos 450 euros.

El coste total de la obra asciende a unos tres millones de euros, el 20% corresponde al capital incial aportado por los usuarios, un 60% a través de créditos y títulos participativos de la cooperativa de servicios financieros Coop57, y el 20% resto son créditos de personas individuales y entidades de la economía social, así como subveciones y donaciones.

Sandra Girbes y su pareja vinculados al proyecto de Can Batlló desde hace años serán uno de los nuevos usuarios del edificio. Para Sandra es un “factor esencial” recuperar aquellos “vínculos comunitarios que se han perdido” en ciudades como en Barcelona. “Además La Borda permite un buen equilibrio entre el espacio privado y público comunitario, no tienes que renunciar a ninguno de estos dos espacios”, sostiene Sandra.

Otra de las principales motivaciones es que se trata de un proyecto que “quiere genear una alternativa” en el mercado inmobiliario y no considera la vivienda “como una valor de mercado sino de uso”.

A fecha de hoy todos los pisos ya están adjudicados y la cooperativa tiene lista de espera, entre unos 50 y 60 interesados, si alguien se da de baja. Por su parte, estas personas han empezado a reunirse para organizarse con el objetivo de replicar el proceso y generar más vivienda cooperativa en la ciudad.

Las otras iniciativas de vivienda cooperativa

Este modelo de La Borda ha sido el germen de otras inactivas en el barrio, como el proyecto de la fundación Dinamo, que abrió una convocatoria a finales de año a la que se han presentado siete grupos para un proyecto de vivienda cooperativa en La Bordeta. Se prevé que empiece a dar vida a un edificio cooperativo en cesión de uso a partir de este verano. Durante las próximas semanas procederán “a la evaluación de los proyectos, que finalizará con la deliberación por parte del jurado del grupo adjudicatario”, informan desde su web.

En paralelo, hay otras cooperativas que están llevando a cabo iniciativas similares en cinco solares municipales de otros barrios tras el concurso del Ayuntamiento para construir covivienda. Concretamente, se construirán un total de 110 pisos en terrenos situados en la Barceloneta (La Xarxaire SCCL), la Marina del Prat Vermell (Llar Jove SCCL), Sarrià (Associació Parkformes), Roquetes (Associació Cohabitatge Cooperatiu), Poblenou(Sostre Cívic SCCL).

Además de Can Batlló, hay otro edificio que empezó las obras a mediados de abril para rehabilitar cinco nuevos pisos en Ciutat Vella, en la calle Princesa, 49, gestionados por la cooperativa Sostre Cívic a través de un acuerdo con el Ayuntamiento.

En cuanto al material escogido, los impulsores del edificio de Can Batlló señalan que se decantaron por la madera para que el inmueble tuviera “un impacto ambiental mínimo y se innovase en la construcción”. También destacan que es un “elemento que se está viendo con muy buenos ojos por la rapidez del montaje y su precisión”.

Sobre los riesgos del fuego, los arquitectos señalan que el inmueble cumple la normativa existente como si fuese un edificio de hormigón y la “respuesta al fuego realmente se comporta mucho mejor una madera que no una estructura metálica”, asegura Pol. En concreto, la madera utilizada es pino radiata procedente de una empresa de Euskadi y son paneles contralaminados.

El bloque tendrá una planta baja seis pisos lo que le convierte en el edificio de madera más alto que se está construyendo día de hoy de la Península, un proyecto que se verá superado por el futuro inmueble de viviendas sociales de planta baja más siete plantas con estructura de madera proyectado por el equipo de arquitectas Cierto Estudio en la plaza de Glòries .

En el proceso de construcción de La Borda ya se han utilizado 16 camiones para el transporte, 500 paneles de madera contralaminada, 720 metros cúbicos de madera que equivalen a 350 toneledas y unos 150.000 tornillos. El edificio de La Borda encara su recta final.

Fuente: www.lavanguardia.com